"Fiel Testimonio en Dias Peligrosos"

Rev. David Aragón. COLOMBIA
XX Congreso de la ALADIC, Lima-Perú.
Martes 3 de Febrero 2009

"SI FUEREN DESTRUIDOS LOS FUNDAMENTOS, ¿QUE HA DE HACER EL JUSTO?"
SALMO 11:3

TEOLOGIA CONTEMPORANEA: REVELACIÓN E INSPIRACIÓN EN LAS SAGRADAS ESCRITURAS.

Introducción:

El presente trabajo tiene como propósito presentar las diferentes posiciones teológicas contemporáneas frente a la “Biblia” o “Sagradas Escrituras” como revelación de Dios y su influencia en el mundo teológico actual.

Desarrollo del tema:
El mundo teológico se ha visto dividido durante muchos siglos acerca de su postura frente a “la Biblia” o “Sagradas Escrituras” como autoridad final, o como “Palabra de Dios”. ¿Se ha revelado Dios en la Biblia? ¿Es la Biblia el único libro en que Dios se ha revelado ó existe otros? ¿Se sigue Dios revelando hoy al hombre no solo a través de la Biblia? ¿Es sólo la Biblia “Palabra de Dios”? ¿Qué se entiende por “Palabra de Dios”? ¿Es la Biblia inspirada divinamente o es un texto humano al cual el mismo hombre le ha atribuido el sentido de “sagrado”?¿Es cierto lo de la inspiración plenaria y verbal de la Biblia su inerrabilidad e infalibilidad? O ¿Sólo una parte es inspirada? ¿Qué palabras y en que idioma (Griego o arameo) es inspirada la Biblia? Estas y muchas inquietudes han llegado a la mente del teólogo y del hombre contemporáneo, sin embargo, cualquiera que sea la respuesta a estas inquietudes en el mundo teológico, la Biblia sigue siendo aceptada como autoridad, a la cual el teólogo finalmente se remite con el propósito de sustentar su postura.
El credo calvinista sostenido por la iglesia protestante, consignado en la Confesión de fe de Westminster declara en su capítulo 1/I que la revelación natural no es suficiente para conducir al hombre a la voluntad de Dios como también que esta revelación escrita de su voluntad al hombre ha sido cerrada es decir que ya no existe ninguna otra forma de conocer la voluntad de Dios a no ser por medio de las Sagradas Escrituras:
 
Aunque la luz de la naturaleza y las obras de la Creación y de la Providencia, manifiestan la bondad, sabiduría y poder de Dios, de tal manera que los hombres quedan sin excusa; sin embargo, no son suficientes para dar aquel conocimiento de Dios en varios tiempos y en diversas maneras, revelarse o declarar su voluntad a su iglesia; y además para conservar mejor y propagar la verdad, y para el mejor consuelo y establecimiento de la Iglesia contra la corrupción de la carne, la malicia de Satanás y del mundo, le plugo ponerlo todo en escrito; por lo cual las Sagradas Escrituras son muy necesarias; y más, puesto que han cesado ya los modos anteriores por los cuales Dios reveló su voluntad a su pueblo”(1)

Igualmente la declaración del artículo capítulo I/VI agrega:
Todo el consejo de Dios, tocante a todas las cosas necesarias para su propia gloria y para la salvación, fe y vida del hombre, o está expresamente expuesto en las Escrituras o se puede deducir de ellas por buena y necesaria consecuencia; y a esta revelación de su voluntad, nada se puede, ni se debe, añadir nunca, ni por nuevas revelaciones del espíritu, ni por las tradiciones de los hombres. Sin embargo, confesamos que la iluminación interna del Espíritu de Dios, es necesaria a fin de que se entienda de una manera salvadora, las cosas reveladas en la palabra; y que hay algunas circunstancias tocante el culto de Dios y al gobierno de la iglesia, comunes a las acciones y sociedades humanas, que deben arreglarse conforme a la luz de la naturaleza y la prudencia cristiana, guardándose siempre las reglas generales de la palabra”(2)

De esta manera la Biblia fue establecida por la teología ortodoxa como documento sagrado, inspirado por Dios, plenaria y verbalmente, inerrante e infalible. Luego, el surgimiento de la crítica bíblica, durante la era moderna, “trajo un impacto muy grande sobre los diversos puntos de vista cristianos en relación con la inspiración de la Biblia, su interpretación, su confiabilidad y su autoridad”.(3) La crítica textual, la crítica lingüística, la crítica literaria, la crítica de las formas, la crítica de redacción, la crítica histórica, combatieron fuertemente contra la postura ortodoxa acerca de la Biblia como Palabra de Dios, contra su inspiración plenaria y verbal contra su inerrabilidad e infalibilidad. Los argumentos de la “tradición crítica” son dos, uno basado en las investigación histórica y otro de carácter religioso; el primero expone que esta doctrina de la inspiración “es contraria en notorio conflicto con las conclusiones de la investigación histórica y crítica de los últimos siglos. El análisis de los textos se ofrece como prueba de la insuficiencia de la tesis reformada en cuanto a la inspiración de la Biblia”(4). La segunda “afirma que la identificación de la Escritura Santa con la palabra de Dios excluye la posibilidad de una fe cristiana entendida como confianza viva y personal. Una fe que tuviera por objeto a la totalidad de la Biblia … no puede ser ya una convicción real y personal; la fe y la confianza no pueden entregarse sino a una Persona viva; poner la fe en la Biblia, en lugar de ponerla en Dios, sería contrario a la esencia de la fe cristiana”(5). Dentro de la teología contemporánea, la neo-ortodoxia trajo consigo un nuevo interés en devolver a la Biblia algún grado de inspiración. “Si las Escrituras son en algún sentido un testigo de la revelación, son en algún sentido inspiradas”(6).

Emmil Brunner hace dos afirmaciones con relación a la inspiración de la Biblia: “La identificación de las palabras de la Biblia con la revelación misma es un disparate teológico mayúsculo; y la inspiración verbal no solo es indefendible, sino que ha sido la causa de un daño grandísimo a la iglesia cristiana.”(7). Para Brunner es claro que la revelación de Dios no puede ser igualada a la Biblia, ella es solo un testigo humano que nos pone en contacto con  la verdadera revelación de la Palabra de Dios. Es por esto que aunque su posición es radicalmente crítica frente a la inspiración de la Biblia, por otro lado la presenta como la norma de la doctrina cristiana, proclamando su autoridad y criticando al mismo tiempo la identificación de ella como Palabra de Dios. Brunner escribe: “Esta certidumbre de que la Biblia es la palabra de Dios es, en todo caso, solamente posible en tanto comprendamos por Palabra de Dios ni más ni menos que Cristo mismo (el Rey y Señor de la Escritura), y la Escritura como la cuna donde yace Cristo”.(8)

Para Karl Barth, al igual que Brunner, la Biblia no puede ser igualada con la revelación de Dios sino que es un testigo de la revelación. Igualmente sostiene que la inspiración verbal e infalibilidad de la Biblia no tiene fundamento. La revelación de Dios debe permanecer libre y no puede ser encasillada en un cuerpo de escritos. Es imposible para Barth, que la palabra de Dios, del Dios vivo y personal, pudiese ser contenida en un libro, ya que la Palabra de Dios es el Espíritu de Dios, el Señor mismo en su majestad, su soberanía y su realidad.

La Palabra de Dios es la palabra que Dios ha pronunciado en medio de los hombres, dirigiéndola a todos (la hayan escuchado o no), la que pronuncia y pronunciará. Es la palabra de su actuar entre los hombres, para los hombres, con los hombres, porque su actuar no es mudo sino elocuente….Así “Dios estaba en Cristo”. Así, ese Uno era y es el Esperado, el Prometido en la Alianza de Dios con Israel, pero también el que ha de venir. Y así la palabra de Dios, en su forma plena, anunciada en la historia de Israel, es la palabra que se hizo carne en este Uno”.(9)

La Biblia entonces no puede ser identificada con la palabra de Dios; de hacerlo sería hacer la palabra de Dios estática, esto conduce a la Iglesia a no tener ya más Palabra de Dios que le sea dirigida hoy; sería una Palabra hablada en tiempos antiguos sin un mensaje para hoy. Para Barth, el gran error de la doctrina ortodoxa es impedir al Señor que hable hoy, es atentar contra su libertad: el Todopoderoso quedaría encerrado en un libro. La Biblia es entonces un testimonio humano de la revelación; humano y falible pero que nos pone en contacto con Dios. “Tanto Barth como Brunner permiten que la Biblia sea llamada la palabra de Dios en un sentido indirecto, esto es, no como la revelación misma, sino como el testigo o indicador de la revelación”.(10)

Rudolf Bultmann tampoco identificó la Biblia como la Palabra de Dios, mas bién despoja la Biblia de su carácter sagrado por medio de su método de interpretación llamado “desmitologización”; para Bultmann la Palabra de Dios se revela en Jesucristo y en la proclamación del Kerigma. “En cuanto al empleo de palabra de Dios en el Antiguo Testamento, dos cosas son de destacar: 1. “la palabra de Dios” puede equivaler al acto o los actos de Dios; 2. “palabra de Dios” puede indicar el orden, la exigencia de Dios”.(11) En su libro “Creer y Comprender” Bultmann define el concepto de “Palabra de Dios” en el Nuevo Testamento  así:
“Luego, ¿Qué es la Palabra de Dios?, no se puede contestar remitiendo a ideas indeterminadas. No consiste en ideas intemporales, ni siquiera en la idea de la ira y de la gracia de Dios, del juicio y del perdón, sino que la palabra de Dios se produce donde la ira y la gracia, el juicio y el perdón se convierten en acontecimiento. Ahora bien, Juan y con él el Nuevo Testamento, afirma que este acontecimiento tiene lugar únicamente en la palabra del hombre, y en la palabra del hombre  precisamente que anuncia el juicio y el perdón. Si únicamente esta palabra es la palabra de Jesús, la palabra que es él mismo, no quiere esto decir que se tramitan las palabras conservadas del Jesús histórico, de suerte que todo consistiría en el problema de su historicidad y autenticidad. Tampoco quiere decir que, junto la palabra de Jesús, podría aquí y allá formularse una palabra como palabra de Jesús, lo mismo que en Antiguo Testamento un profeta esta junto a otro. En ese caso, se entendería a Jesús como el “Jesucristo histórico”, como un profeta, y no como la “palabra”. Precisamente por eso, Juan le hace decir a Jesús casi únicamente que él dice la palabra de Dios. Su Jesús no quiere ser ante todo el “Jesucristo histórico” sino que es la “palabra” la palabra de la predicación cristiana; mas precisamente porque esta palabra, en la cual juicio y perdón, muerte y vida se hacen acontecimiento, es instituida, autorizada y legitimada por el acontecimiento de Jesús. Por eso en cuanto al contenido no hay necesidad de ser instruido sobre Jesús en nada sino en ese que, iniciado en su vida histórica y que en la predicación de la comunidad sigue transformándose en acontecimiento….
Mas con esto llegamos a la diferencia respecto a la palabra de Dios en el Antiguo Testamento. En el Antiguo Testamento, en efecto, palabra e historia se separan inicialmente. La historia es la que el pueblo ha vivido, desde la cual llega a su presente; y la palabra profética o de la ley, habla en ese presente. La unidad con la historia pretérita se produce en cuanto que la palabra que se muestra en el presente recuerda la historia pretérita, con lo cual la actualiza y continúa. En cambio, la palabra de la predicación cristiana y la historia que ella comunica coinciden, son una misma cosa. La historia de Cristo no es algo ya pasado, sino que se realiza en la palabra predicada.”(12)

De esta manera Bultmann sostiene la preexistencia de la palabra, la cual se manifiesta en acción, el solo hecho de que esta sea pronunciada son obra. “Sus palabras son automanifestaciones, porque su palabra es él mismo, sin embargo, esta es revelada a la comunidad por el Espíritu.

“Existe una cierta analogía con la palabra de los profetas del Antiguo Testamento, los cuales no hablan por su cuenta, sino que son inspirados por Dios. Pero la analogía muestra también la diferencia: las palabras de Jesús no son inspiradas en un momento concreto, sino que Jesús habla continuamente a partir de su unión con Dios. Sus palabras no tenían como misión, como sucedía con la de los profetas, colocar un acontecimiento histórico concreto del pueblo bajo la luz de la exigencia divina, de amenaza o promesa, no enseñan a reconocer lo necesario en cada momento, sino que, mediante el encuentro con su persona el hombre es llamado en su situación humana a tomar una decisión. Ningún profeta tiene significación absoluta; uno sigue al otro. A Jesús no le sucede ningún otro revelador; en él se nos ha dado de una vez por todas la revelación de Dios y esta revelación es inagotable. Porque sean cuales fueran los nuevos conocimientos que le sean concedidos a la comunidad por medio del Espíritu, estos serán únicamente recuerdos de lo que Jesús ha dicho, o como dice Jesús, “El me dará gloria, porque recibirá de lo mío y os lo comunicará”.
Las palabras de Jesús no comunican otro contenido sino que son ellas, justamente, palabras de vida, palabras de Dios; es decir, no por su contenido, sino como sus palabras, como palabras de aquel que las habla, son palabras de vida, palabras de Dios. Lo importante y decisivo no radica en su contenido atemporal, sino en su ser pronunciadas, y justamente por ello son tanto “palabras” como “obras”; la acción de Jesús es un hablar y su hablar es un hacer”.(13) Bultmann concluye aceptando que ni el Antiguo ni el Nuevo Testamento son Palabra de Dios, no se puede confundir la revelación de Dios con la Palabra, niega absolutamente su inspiración verbal, su inerrabilidad e infalibilidad envolviéndolo todo bajo el mito, sin embargo acepta que en ella Dios ha revelado su palabra la cual debe ser descubierta por medio de la desmitologización.

CONCLUSIÓN.

Aunque en la teología contemporánea se pronuncie en contra de la inspiración y revelación de Dios en la Biblia, como también en su carácter sagrado, hay que reconocer que todos estos teólogos han buscado respuesta a las preguntas del mundo contemporáneo acerca del carácter humano y divino de la Biblia de tal manera que ésta sea accesible a la mente racional. El pueblo cristiano fiel seguirá sosteniendo; que la Biblia, la Palabra de Dios es el libro sagrado que nos ha sido dejado por nuestro Señor como única autoridad para la salvación y vida cristiana.

2Pe 1:16-21 SRV  Porque no os hemos dado á conocer la potencia y la venida de nuestro Señor Jesucristo, siguiendo fábulas por arte compuestas; sino como habiendo con nuestros propios ojos visto su majestad.  (17)  Porque él había recibido de Dios Padre honra y gloria, cuando una tal voz fué á él enviada de la magnífica gloria: Este es el amado Hijo mío, en el cual yo me he agradado.  (18)  Y nosotros oímos esta voz enviada del cielo, cuando estábamos juntamente con él en el monte santo.
 (19)  Tenemos también la palabra profética más permanente, á la cual hacéis bien de estar atentos como á una antorcha que alumbra en lugar oscuro hasta que el día esclarezca, y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones:  (20)  Entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la Escritura es de particular interpretación;  (21)  Porque la profecía no fué en los tiempos pasados traída por voluntad humana, sino los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados del Espíritu Santo.

Aferrémonos hoy, fielmente a la Biblia, como Palabra de Dios Escrita, en tiempos en que Satanás ha atacado con gran fuerza, tratando de destruir su mensaje, su credibilidad, su historicidad, hoy, mas que nunca enfrentamos tiempos peligrosos en que es necesario levantar la bandera de la fe en defensa de la palabra de Dios.

"SI FUEREN DESTRUIDOS LOS FUNDAMENTOS, ¿QUE HA DE HACER EL JUSTO?"

Salmo 11:3.

Rev. DAVID ARAGON GIRALDO
Iglesia Evangélica Presbiteriana.
Cali, Colombia.
davidaragon64@hotmail.com

BIBLIOGRAFIA:

  • ASAMBLEA DE WESTMINSTER, Confesión de fe de la Iglesia Presbiteriana .Publicaciones el Faro (México) 1977.
  • GARRET LEO JAMES, Teología Sistemática. Casa Bautista de Publicaciones (El Paso) 2006.
  • BERKOUWER G.C., Incertidumbre moderna y fe cristiana. Ediciones evangélicas europeas (Barcelona) 1973.
  • RAMM BERNARD, Diccionario de Teología contemporánea. “Inspiración”. Casa Bautista de Publicaciones (El Paso) 1969.
  • BRUNNER EMIL, Revelación y razón” Biblioteca personal Google.
  • BARTH CARL, Introducción a la Teología Evangélica, Ediciones la Aurora, (Buenos Aires) 1986.
  • BULTMANN RUDOLF, Creer y Comprender. STVDIVM ediciones , (Madrid) 1974.
  • BULTMANN RUDOLF, Teología del Nuevo Testamento. Ediciones Sígueme (Salamanca) 1981.

 Pie de Páginas

(1)ASAMBLEA DE WESTMINSTER, Confesión de fe de la Iglesia Presbiteriana .Publicaciones el Faro (México) 1977, p.5.
(2)ASAMBLEA DE WESTMINSTER, Confesión de fe de la Iglesia Presbiteriana .Publicaciones el Faro (México) 1977, p.10.
(3)GARRET LEO JAMES, Teología Sistemática. Casa Bautista de Publicaciones (El Paso) 2006, p.151.
(4)BERKOUWER G.C., Incertidumbre moderna y fe cristiana. Ediciones evangélicas europeas (Barcelona) 1973. p.14.
(5)BERKOUWER G.C., Incertidumbre moderna y fe cristiana. Ediciones evangélicas europeas (Barcelona) 1973. p.15.
(6)RAMM BERNARD, Diccionario de Teología contemporánea. “Inspiración”. Casa Bautista de Publicaciones (El Paso) 1969, p.75.
(7)BRUNNER EMIL, Revelación y razón” Biblioteca personal Google, p.11.
(8)BRUNNER EMIL, Revelación y Razón,  Biblioteca personal Google, p.169.
(9)BARTH CARL, Introducción a la Teología Evangélica, Ediciones la Aurora, (Buenos Aires) 1986. p. 44,47.
(10)RAMM BERNARD, Diccionario de Teología contemporánea. “palabra de Dios”. Casa Bautista de Publicaciones (El Paso) 1969, p.102
(11)BULTMANN RUDOLF, Creer y Comprender.  “El concepto “Palabra de Dios en el Nuevo Testamento”. STVDIVM ediciones , (Madrid) 1974. p.252-253.
(12)BULTMANN RUDOLF, Creer y Comprender. STVDIVM ediciones , (Madrid) 1974. p.252-253.
(13)BULTMANN RUDOLF, Teología del Nuevo Testamento. Ediciones Sígueme (Salamanca) 1981. p. 480-481.

 

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