"Benedicto XVI, el Papa y el Ecumenismo"

Rev. Moysés Moreira Lopes. BRASIL
XX Congreso de la ALADIC, Lima-Perú.
Martes 3 de Febrero 2009

Introducción:

                        El evangelista Juan escribió su evangelio para defender la tesis  que Cristo es Dios y debe, como tal, ser adorado. Por eso comienza su escrito, a imitación del Génesis, diciendo: “En el principio”. Moisés dice que en el principio creó Dios los cielos y la tierra. Juan afirma que en el principio era el Verbo y el Verbo estaba con Dios y el Verbo era Dios.

                        Los dos escribieron sobre el principio. Uno, sobre el principio de la creación cósmica; el otro, sobre la historia de la redención.

                        Los evangelistas mencionan muchos milagros. Juan cita siete. Muchos milagros citados por Mateo, Marcos y Lucas podrían haber sido realizados por los magos de Egipto, pero los mencionados por Juan no podrían realizarlos ni los magos, ni los astrólogos, ni los científicos, porque solo pueden ser efectuados por Cristo que es Dios, la segunda persona de la Santísima Trinidad.

                        En este maravilloso evangelio, que comienza con la encarnación del hijo de Dios y termina con su victoria sobre la muerte, en el que Juan registra la oración sacerdotal de Cristo. En esa oración se aprecian dos cosas: La muerte de Cristo y su deseo para sus discípulos. 

                        Una de las peticiones de Cristo es: “Mas no ruego solamente por estos, sino también por los que han de creer en mi por la palabra de ellos, para que todos sean una cosa como tu, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean en nosotros una cosa, para que el mundo crea que tu me enviaste” (Juan 17:20,21).

                        Cristo ruega por los que eran y por los que serían sus discípulos. Ruega por la unión de los que eran y de los que serían. Ruega para que tanto los que eran como los que serían pudieran vivir unidos como el Dios Triuno, con su misma esencia espiritual. Si Cristo pidió esto es porque sabía ya, como Dios omnisciente, la desunión que se produciría.

                        Con tristeza, notamos que hasta su misma oración no fue comprendida. Basándose en esa petición los herejes predican la unión orgánica de las iglesias. Los fieles entienden que Cristo hablaba de la unión  espiritual que debe existir entre los que creen en Cristo de todo corazón.

                        Que Dios me bendiga en esta predicación y que ilumine la mente de cada oyente.

                        Alabado sea nuestro Señor Jesucristo por los siglos de los siglos sin fin.

Exposición:

¿Quién es hereje?

            Es sobre los herejes que discurro en este momento, para combatirlos.

            Hereje es el que se acomoda a los errores de los que le añaden (a la Escritura).

            Hereje es el que aumenta, desvirtúa e interpreta un texto de acuerdo a su propio pensamiento y no según el pensamiento divino.

            Hereje es el que sustituye al creador por la criatura, dejando de adorar al Hijo de Dios, para adorar a aquella que dio su vientre para que Cristo se encarnara.

            Hereje es aquel que ora a Dios, teniendo como mediador al ser humano, dejando de lado a Cristo que exigió que las oraciones fueran hechas en su nombre, al decir “Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre esto haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo (Juan 14:13)

            Hereje es aquel quiere adorar a Dios, usando como medios concretos estatuas e imágenes hechas por manos humanas, cuando Cristo enseñó la espiritualidad del culto, al decir: “…Los verdaderos adoradores adoraran al Padre en espíritu y en verdad, porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. Dios es Espíritu y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren” (Juan 4:23,24).

            Desgraciadamente, Benedicto XVI entra también en la categoría de los herejes. ¡Qué bueno sería que pudiéramos decir que el  compatriota de Lucero es un hombre fiel a las doctrinas que Cristo predicó!.

El ecumenismo y Benedicto XVI

            ¿Cuál es su pensamiento sobre el ecumenismo?

            Se sabe que la unión de las Iglesias no se inició con la Iglesia Católica Romana (ICR), sino con el protestantismo, por medio del Consejo Mundial de Iglesias, que es apóstata.

            No hay duda que la ICR se ha preocupado por la pérdida de fieles. Al hablar Benedicto XVI a los  brasileños, según la publicación hecha en la Revista Vieja, Edición 2008, de 16 de Mayo de 2007, pag. 81 y reflexionando sobre la pérdida de fieles, dice:

“Esa es nuestra preocupación común en la Conferencia Episcopal. Queremos encontrar respuestas convincentes, estamos trabajando ya en eso. El éxito de esas sectas (evangélicas) demuestra que existe sed de Dios, por Dios, de religión. Las personas aceptan que esas sectas se presentan como capaces de solucionar los problemas cotidianos. Nosotros, los de la Iglesia Católica, tenemos que convertir eso en un objetivo de la Conferencia, para que seamos más dinámicos, más misioneros, para responder esa sed de Dios. Debemos tener presente que las personas, principalmente los pobres, quieren tener eso más cerca de ellas. Estamos concientes de que junto a esa respuesta a la sed de Dios tenemos que ayudarlos a encontrar las condiciones de vida justa, sean microeconómicas, como lo hacen las sectas, sean macroeconómicas, pensando en todas las exigencias de la justicia”.

            Se nota la preocupación por la pérdida de fieles, pero destaca también positivamente la vivencia del evangelio por parte de los que creen en Cristo con todo su corazón.

            Sobre el ecumenismo afirmó, cuando recibió al pastor Samuel Kobia, secretario general del CMI, el 16 de Junio de 2005, que es un compromiso “irreversible”.

            Es cierto que es mucho más fácil predicar el ecumenismo en las Iglesias Ortodoxas Orientales que en las evangélicas. En las primeras debido a que la distancia teológica es mínima, mientras que en las últimas la distancia se ha hecho muy grandes.

            Juan Pablo II hablaba sobre oración, diálogo y conversión, en relación con el ecumenismo. Se sabe que la conversión a la que se refería Juan Pablo II no era la salvadora, sino el regreso del catolicismo, como si todos los reformadores se hubiesen equivocado.

            Los errores del catolicismo continúan siendo los mismos. Fueron confirmados por el Concilio de Trento. No hubo conversión de ellos. No se volvieron a los principios evangélicos predicados por Cristo, defendidos por Pablo y divulgados por los apóstoles. El pensamiento de Juan Pablo II era el mismo que Benedicto XVI.

¡Cómo volverse! ¡Cómo convertirse!

El diálogo sugerido por Juan Pablo II, como ya se afirmó, es la materialización del pensamiento de Benedicto XVI, cuando este ejercía en el Vaticano el elevado cargo de Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Fue un medio que él, actualmente Benedicto XVI, encontró para unir a los cristianos de las otras denominaciones, de modo que siempre convergieran al Catolicismo Romano. El dice, como lo publicó la Revista Vieja publicó el 27 de Abril de 2006:
           
            “La fórmula encontrada por los grandes teóricos del ecumenismo es que debemos ir adelante, proseguir nuestro camino. No se trata de proponer anexiones, sino de esperar que el Señor despierte a la fe en todos los lugares y ofrezca una meta común a todos en sus diversos caminos, para que desemboquen en una sola iglesia”.
            Nótese que la Iglesia Católica no habla de cambio. Ella continúa siendo la misma. Son las otras las que tienen que convertirse. Son las otras las que mediante el diálogo deben amoldarse a sus errores que incorporó a través de los siglos, tales como la transubstanciación, la adoración de imágenes, la intercesión de todos los santos, la virgen María, el celibato, y muchos otros, basados en la tradición algunos de ellos, pero no en la Biblia, que es la única regla de fe y conducta del cristiano.
 
            Para Benedicto XVI, la única iglesia verdadera es la Católica Romana. No admite que ella se desvió de los principios del evangelio y se volvió apóstata.

            En la Revista Vieja, en el artículo citado, reflexionando sobre “Dios y los hombres, de acuerdo al pensamiento de Benedicto XVI”, cuando trata de la Iglesia, narra lo siguiente:

 

            “Una anécdota medieval habla de un judío que realiza un viaje a la corte pontificia y se convierte al catolicismo. A su regreso, una persona que conoce bien el ambiente papal le pregunta si tenía idea de lo que ocurría allí. “Por supuesto”, responde el judío. “Vi todo lo escandaloso”. “¿Y de todos modos usted se hizo católico? Es un contrasentido”, dice este espantado. El judío convertido le replica: “Exactamente por eso me hice católico, porque si la Iglesia continúa existiendo a pesar de todo, debe haber realmente alguien que la mantiene en pie”. Se cuenta también que Napoleón dijo una vez que aniquilaría a la Iglesia, a lo que un cardenal le habría respondido: “¡Pero si nosotros mismos no hemos podido hacerlo!”.

Si la misma iglesia reconoce sus faltas y no se corrige, sabiendo que una de las características de la iglesia verdadera es la disciplina, entonces es apóstata y ¿Cómo unirse a una iglesia apóstata, cuando la Biblia dice:

            “Mas ahora os he escrito que no os envolváis, es a saber, que si alguno, llamándose hermano, fuere fornicario, o avaro, o idólatra, o maldiciente, o borracho, o ladrón, con el tal ni aún comáis” (1ª  Corintios 5:11).

            Benedicto XVI está en contra del relativismo, y nosotros también. Pero el ve el relativismo con otro prisma, para rechazar a todos los que se convierten en creyentes de Jesús. Tiene una visión distorsionada. No es en el catolicismo romano donde se encuentra la verdad. La verdad es Cristo y quién lo deja en segundo plano, al dar más prominencia a la criatura que al creador ya se desvió de la verdad. En ella, esto es, en el catolicismo, no está la verdad.

            La unión orgánica no es posible con quién se desvió de la verdad y cuya verdad que declara poseer no en más que un sofisma. Solo es apariencia.

            Al escribir a los Romanos, Pablo dice imperativamente:

            “Y os ruego hermanos, que miréis los que causan disensiones y escándalos contra la doctrina que vosotros habéis aprendido; y apartaos de ellos.” (Romanos 16:17).

 

Conclusión

            Benedicto XVI afirmó:

            “¡Cuantas veces celebramos sin que nosotros mismos nos demos cuenta de él! (de Cristo)¡Cuantas veces su palabra es falseada y explotada !. ¡Cuán poca fe hay en tantas teorías, cuántas palabras vacías! ¡Cuánta suciedad hay en la Iglesia y precisamente entre aquellos que, en el sacerdocio, deberían pertenecer completamente a Cristo! ¡Cuánta soberbia, cuánta autosuficiencia!”

            Ante tal confesión, y creemos que es sincera, debemos orar a Dios para que se produzca una verdadera conversión al Señor de la gloria y que el Sumo Pontífice de la ICR pueda aceptar a Cristo como único y suficiente salvador y, actuando como el rey Josías, haga lo recto a los ojos del Señor, derribando las estatuas, expulsando a los sacerdotes escandalosos y reparando el altar del Señor.

            Es un sueño, pero como dijo el ángel Gabriel a María: “…para Dios nada es imposible” (Lucas 1:37).

Moysés Moreira Lopes
Pastor Presbiteriano. Brasil.

 

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